El último Innovador
Cultura

Por Agustín Falcón

TW: @AgustinFalcon_

Pasaron ya dieciocho años del 8 de abril de 1994, aquel domingo otoñal encontraron muerto a Kurt Cobain. Por entonces me encontraba sumergido en la falsa argentina noventosa. Recuerdo el packaging, los envoltorios de plástico que colmaban la basura, listos para explotar con los dedos, a esos tentadores círculos llenos de aire. Los productos lanzados al mercado de forma sangrienta acompañados por su mensaje perverso y bien dosificado: ¡Comprá!, ¡no pares de comprar!

No tan lejos de todo eso, a 11 mil km de distancia, en la cuna del capitalismo se terminaba la vida de el último revolucionario. Agotado, vio claramente morir sus principios de punk rock, esos mismos que lo hicieron llegar a la cima, el estrellato que lo termino envenenando; como cita en su carta de suicidio: "no disfrutaba los gritos que aparecían cuando se apagaban las luces antes de un concierto", sentía culpa de tocar frente a su público.

El suceso comercial de Nirvana, marca un antes y un después en el rock y deja al mercado más fortalecido, con soltura y aires del eterno sobrador, que siempre lo fue, por cobrarse otra víctima. Soy de los que realmente cree en el "Ethos punk" (la ética en esencia romántica y fundacionalmente hippie que implica no venderse al "Sistema" ni traicionarse a sí mismo como persona y artista). Como dice Pablo Schanton el éxito del disco Nevermind hizo encarnar a su autor una paradoja insostenible, la de ser un punk millonario.

El último capítulo de Sell Out- Manipulation (venderse y ser manipulado) vs la integridad de la autenticidad le tocó vivirlo a ellos. El grupo salió a la pelea y usó clásicos recursos de la historia del rock; atentados mediáticos, discos con conceptos de denuncia, actitudes auto-demagógicas y auto-ironía. Hay registros, videos de Kurt escupiendo a las cámaras de televisión o usando remeras con inscripciones en contra del rock corporativo.

En sus canciones quedaron grabados sus diferentes estados de ánimo y la belleza extrema que solo el arte puede mostrarnos. El delirio en sus gritos de afirmación en "All apologies": estoy cansado / enterrado, a la consiguiente suave honestidad de sus palabras; que mas puedo decir/ son todas escusas. O en la composición de Penyrhoyal tea donde muestra su malestar frente al negocio discográfico.

Así la muerte de Cobain dejó en el aire un espeso mensaje de rebeldía; no solo a los intereses de las corporaciones sino que también buscó la reacción del mundo en sus diferentes tópicos. Su grito quedó inmortalizado, el mismo que salía de la boca del estomago donde dormían los fuertes espasmos que padeció toda su vida.


 
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