Las Sufragistas: Rebeldes, jamás esclavas
Viernes, 25 de Agosto de 2017 00:54

..Por Sebastián Griffin

 Twitter: @sebagriffin

Con la participación de Meryl Streep y Helena Bonham Carter, Las Sufragistas se constituye en un pantallazo de realidad que reconstruye la lucha por el derecho al voto femenino en la Inglaterra de principios del siglo XX. Mientras, activa en la conciencia las conquistas que las mujeres aún demandan.

En 1912, Argentina aprobaba una reforma electoral que otorgaba el voto secreto y obligatorio como un derecho, sí, pero para los hombres. Al mismo tiempo, en Inglaterra, un grupo de obreras comenzaban a organizarse en lo que sería la punta de lanza de la lucha por los derechos electorales de las mujeres en el mundo: Las Sufragistas.

Dirigida por Sarah Gravon, "Las Sufragistas" relata la historia de Maud Watts (Carey Mulligan), una joven obrera que vive un proceso de toma de conciencia de su situación de explotación y sometimiento, mientras se va acercando al movimiento de mujeres que pelean por el derecho al voto.

Desde la primera escena, la película nos introduce en el mundo experiencial de las mujeres obreras en el apogeo de la segunda revolución Industrial: Jornadas laborales más largas que las de los hombres, trabajos más insalubres, menores ingresos, abusos sexuales, golpes, y la imposibilidad de elegir y ser elegidas para los cargos públicos.

Es en ese contexto que surge en Inglaterra, la Unión Social y Política de las Mujeres, cuyas militantes eran conocidas como "Suffragettes". Este grupo, liderado por Emmeline Pankhurst, apostaba a la acción directa y en ocasiones al uso de la violencia para encarar la lucha por el derecho a elegir a las autoridades políticas.

La provocación y la rebeldía formaban parte de cada movida de agitación de las "Suffragettes", en contraposición a la actitud moderada y dialoguista (y sin resultados) que tenía hasta ese entonces el movimiento sufragista femenino.

"Nos tiene sin cuidado vuestras leyes, caballeros, nosotras situamos la libertad y la dignidad de la mujer por encima de toda esas consideraciones, y vamos a continuar esa guerra como lo hicimos en el pasado", señalaba Pankhurst en uno de los tantos discursos que eran seguidos por cientos de mujeres.

Por lo tanto, las acciones de la organización no sólo se limitaban a la realizar movilizaciones al Parlamento, organizar mitines, editar folletines o denunciar las condiciones laborales de las obreras, sino que también consistían en efectuar sabotajes, romper vidrieras, cortar cables de telégrafo, colocar explosivos en buzones del correo, e inclusive incendiar propiedades de funcionarios públicos.

Así fue entonces que ante el crecimiento y la capacidad de acción del movimiento, el gobierno cayó fuerte sobre ellas con represión y cárcel.

En prisión, las militantes llevaron adelante la estrategia de la huelga de hambre como método de protesta. De este modo, ante la imposibilidad de obligarlas a comer, las autoridades respondieron con "El acta del gato y el ratón": Cuando una huelguista estaba muy débil, era liberada hasta que recuperara su salud, para luego ser encarcelada otra vez.

La lucha de las Suffragettes fue larga y dura. Por años fueron humilladas y condenadas al ostracismo por los representantes políticos y la prensa, no obstante eso, comenzaron a ganar visibilidad, voz y consenso social.

El primer paso en su objetivo se concretó en 1918, al ser aprobada una ley que otorgaba el derecho al voto sólo a las mujeres que tuvieran más de 30 años, y siempre que fueran propietarias de tierras o diplomadas de universidades británicas.

Finalmente en 1928 los derechos electorales de todas las mujeres de Inglaterra fueron equiparados con los de los hombres. En Argentina, en cambio, aún restaría mucho tiempo de sometimiento cultural y político, hasta que Eva Perón impulsase el voto femenino en 1947.

La historia de Maud Watts, que narra "Las Sufragistas", es circunstancial. Es una más de tantas historias. Una más de muchas que sirven como excusa para recordar la batalla que las mujeres aún llevan adelante para lograr igualdad y plenos derechos políticos, laborales y sociales. Una batalla cuyo fin es desterrar los patrones culturales de dominio y violencia por cuestiones de género.

 
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